Boycot de la gasolina contra los monopolios petroleros
Una idea original
28 de mayo de 2004
Un lector llamado Jean-Marc Facchinetti, médico en Cannes, tuvo una idea original. ¿Cuál es, de hecho, la última defensa de los "oprimidos"? Respuesta: el boicot a un producto de consumo. Pero inmediatamente observa que un producto parece escapar de tal medida: la gasolina, absolutamente indispensable para los usuarios. Nada impide elevar indefinidamente el precio en la bomba. Los conductores saben que los encargados de las estaciones y los transportistas de combustible no tienen nada que ver con ello, y que, al servirlos, ganan escasamente su vida. Los responsables parecen inalcanzables y la única manifestación posible sigue siendo "la queja", de la que los políticos y los grupos petroleros se ríen descaradamente. Debe haber estudios psicosociológicos cuyo objetivo sea ajustar el aumento del precio de los combustibles según el umbral de tolerancia de los individuos. Porque en realidad se trata ante todo de un impuesto, un tributo, y un beneficio extraordinario para las petroleras. En estos circuitos de distribución, salvo los pequeños descuentos concedidos en grandes almacenes, estamos ante una situación