Programa Espacial Estadounidense
28 de mayo de 2005
El Programa de Armas Espaciales de EE.UU.
Actualmente, la Fuerza Aérea estadounidense presenta al Presidente Bush una directiva sobre la seguridad nacional que busca desarrollar nuevas armas ofensivas y defensivas. Un artículo detallado sobre este tema apareció en el New York Times el 18 de mayo de 2005 (http://www.nytimes.com/2005/05/.......VfbtZ8wdA). Algunos observadores temen que este proyecto sea visto por los aliados (y posibles enemigos) de EE.UU. como el inicio de una nueva carrera armamentista en el espacio. Se trataría de un cambio importante en la política de defensa, considerando la política seguida desde las decisiones del presidente Clinton en 1996. Hasta ahora, el espacio había sido reservado, en el ámbito militar, para la observación del cumplimiento de tratados de desmilitarización y no proliferación, así como para el espionaje.
La implementación de la directiva para desplegar armas espaciales provocará numerosos problemas financieros, tecnológicos, políticos y diplomáticos, aunque los portavoces oficiales de la Casa Blanca afirman que ningún tratado internacional prohíbe explícitamente este tipo de armas. Se espera una decisión positiva en las próximas semanas.
En realidad, según representantes de la Fuerza Aérea, no se trata de colocar armas en órbita, sino de garantizar un libre acceso al espacio para acciones ofensivas o defensivas.
Desde esta perspectiva, el Pentágono ya ha gastado miles de millones de dólares para preparar sistemas de armas y las modalidades de su despliegue. Esta recomendación fue formulada en enero de 2001 por una comisión presidida por el recién nombrado ministro de Defensa, Donald Rumsfeld.
Tras estas propuestas, el presidente Bush se retiró del Tratado Anti-Misiles Balísticos, que prohibía el despliegue de armas en el espacio.
Hoy no hay duda de que, para la Fuerza Aérea, el concepto de supremacía espacial absoluta implica la libertad de atacar, así como la libertad de defenderse desde el espacio ("freedom to attack as well as freedom from attack in space").
Esto requerirá nuevas armas, nuevos tipos de satélites, nuevos medios de cooperación con las fuerzas armadas. Los obstáculos tecnológicos serán enormes y se estima que los fondos necesarios alcanzarán cientos de miles de millones de dólares. También será necesario convencer a los "aliados" de que la frontera de EE.UU. se extiende ahora al espacio, pero ¿hasta qué límites?
La Fuerza Aérea ha elaborado una nueva estrategia, denominada "Global Strike", que supone el desarrollo de un avión espacial llamado "common aero vehicle", capaz de transportar armas guiadas que representan media tonelada de municiones. Según el general Lord, que presentó sus conclusiones ante el Congreso, se trataría de una "incalculable capacidad de destrucción de centros de mando y lanzamiento de misiles, dondequiera que estén en el mundo".
Podría alcanzar su objetivo en 45 minutos tras dar media vuelta al mundo. El desarrollo de este vehículo se considera la máxima prioridad.
La Fuerza Aérea ya ha realizado diversos prototipos de estas armas, cuyas pruebas hemos presentado en nuestra revista.
Entre ellos se destaca el XSS-11, un microsatélite capaz de interferir con los satélites de comunicación y reconocimiento de otros países. El Pentágono no ha ocultado que no dudaría en utilizar estas armas para destruir los satélites de "aliados" que le fueran molestos, por ejemplo los satélites del futuro programa europeo Galileo, si estos hubieran sido desarrollados con la participación de países considerados enemigos, como China.
Otro programa, denominado significativamente "Varas de Dios" (Rods From God), tiene como objetivo lanzar desde el espacio cilindros de tungsteno, titanio o uranio empobrecido para penetrar profundamente objetivos terrestres. Al alcanzar velocidades de 10.000 km/h, tendrían el efecto de pequeños proyectiles atómicos.
Un tercer programa utilizará rayos láser o ondas de radiofrecuencia capaces de inmovilizar o destruir tropas y material en tierra.
El general James E. Cartwright, jefe del Comando Estratégico de los Estados Unidos, explicó recientemente ante la subcomisión del Senado encargada de los asuntos de armas nucleares que el objetivo era permitir a la nación "lanzar un ataque muy rápidamente, sin largos preparativos previos, en cualquier lugar de la superficie terrestre".
Sin embargo, muchos senadores se han preocupado. ¿Cómo reaccionarán Rusia, la Unión Europea, China e India? ¿Qué harán EE.UU. si alguno de estos países decide a su vez desarrollar este tipo de armas?
¿Habrá que recurrir a ataques preventivos?
Este discurso razonable fue reiterado por Teresa Hitchens, vicepresidenta del Center for Defense Information, un think tank que analiza y critica la política del Pentágono. "El espacio debe permanecer un dominio internacional no militarizado ni militarizable".
Además, los presupuestos mencionados por la Fuerza Aérea misma (entre 220 mil millones y 1 billón de dólares) parecen fuera de alcance. El costo unitario del ataque pasaría de 600.000 dólares con un Tomahawk a 100 millones de dólares con los sistemas propuestos. Ya ahora, los "simples" satélites de reconocimiento y observación ven sus costos al menos triplicados. Tal es el caso del nuevo programa de satélites espías denominado Future Imagery Architecture, cuyo costo asciende a 25 mil millones (y cuyos resultados, además, resultarían decepcionantes). Estos costos solo serían sostenibles si todos los sistemas de armas actuales se reconvertían, lo que parece a la vez utópico y peligroso.
Pero el general Lord considera que todas estas objeciones no son válidas. "La superioridad espacial es nuestro destino. Hoy es una misión que debe llevarse a cabo diariamente. Pero también es una visión para el Gran Futuro".
Se puede suponer que los industriales que esperan beneficiarse de estos flujos de miles de millones, no solo para desarrollar armas, sino también para reinvertir el conocimiento en el ámbito civil, comparten totalmente esta visión. 22/05/05