La Maga
La Maga
oct 1992
En nuestro primer encuentro, nos equivocamos de cine. Cada uno esperaba del otro lado. Yo estaba en el Rex, ella a dos pasos de allí. Cada uno por su lado se fue. Un poco triste y un poco decepcionado. Esa misma noche, ella me llamaba: "¡Idiota, dónde estabas?" La vez siguiente, habíamos tomado decisiones, como los marineros que quieren volver al mar, como hacen las personas que vienen de lejos. La llevé al restaurante. Estaba muy intimidada. Miraba sus ojos de niño. No podía comer. Me siguió, sin resistencia, hasta mi dormitorio. Esa gris jornada de octubre se convirtió en un verano. Se acostó sobre la piel. Yo la tomé en mis brazos. Salimos de los cuatro muros. Salimos, salimos allá. Salimos al país de más allá, donde se tiene seda en las manos y terciopelo en el rostro, donde ya no se piensa en el mañana. Ya no soñaba últimamente. Hay heridas que duelen. Entró como una primavera. Escuchaba los violines del baile. Puso sus manos sobre mí. Sonrió, la maga. Me dio, me dio alegría por un instante, acalló mi dolor. Ya no tengo más que la mitad de un corazón. Gracias, gracias, desde lo más profundo. Gracias por un momento de felicidad. Gracias por la próxima vez. Vivir es un desierto trágico cuyos senderos no llevan a nada, pero donde la lámpara mágica del amor nos hace bien, como sombras en una pared. Cada uno se mueve a su manera. Y un día, en un susurro, discretamente, nos vamos.
| No llevamos nada con nosotros | Ni nuestro cuerpo, ni nuestra casa | Solo podemos llevar nuestra alegría | Nuestros amores y nuestras canciones |
|---|