Implantes subcutáneos: la marca de la bestia
Implantes subcutáneos: La Marca de la Bestia
19 de diciembre de 2003 - añadido el 17 de noviembre de 2009
19 de diciembre de 2003
Es necesario, sin duda, actualizar este archivo dedicado a los implantes subcutáneos. Todos tenemos en mente este pasaje del Apocalipsis según San Juan (Ap. 13:4-5, 16-17-18)
| Adoraron a la Bestia.... se le dieron palabras de orgullo y blasfemia.. Ella obligó a todos los hombres, gente del pueblo y grandes personajes, ricos o pobres, hombres libres o esclavos, a marcarse con un signo en la mano derecha o en la frente. Y nadie podía comprar ni vender sin llevar este signo: ya sea el nombre de la Bestia, ya sea el número correspondiente a su nombre. Aquí es donde se necesita sabiduría. Que el que tenga inteligencia descifre el número de la Bestia, porque es un número humano: seiscientos sesenta y seis. |
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El microchip o microship es un proyecto antiguo (más de treinta años). Compañías como IBM, General Electric, Honeywell y Teledyn han trabajado en este proyecto. Así es como se ve un microchip:

Uno de los problemas es la alimentación energética de un objeto tal. Su consumo es bajo y, por lo tanto, su alimentación podría asegurarse aprovechando las variaciones locales de temperatura. Estas son más importantes en la mano y en la frente (...).

Ya se utilizan comúnmente para marcar animales de compañía o caballos de carrera. Es posible implantar estos objetos diminutos, cuyo tamaño es inferior al de un grano de arroz, mediante una simple jeringa hipodérmica, en regiones del cuerpo donde sea difícil retirarlos.

Entonces se puede conocer inmediatamente, por ejemplo, la identidad de un caballo robado, utilizando un simple lector. El siguiente paso consiste en considerar la implantación de tales objetos en seres humanos. Las aplicaciones son múltiples. El chip puede reemplazar, a nivel internacional, un documento de identidad. También puede almacenar datos propios del individuo en cuestión, grandes volúmenes de datos de todo tipo. Estos chips poseen números de serie de 18 dígitos, divididos en tres grupos, lo que da 6-6-6.
El chip también permite seguir a un individuo a través del GPS, del Sistema de Posicionamiento Terrestre. Cualquiera puede comprender que, en la era de las nanotecnologías, estos chips verán sus dimensiones disminuir constantemente, como ocurrió con las computadoras. Los pretextos para la implantación de tales objetos pueden ser múltiples. Existe en EE. UU. un proyecto de ley destinado a autorizar la implantación de microchips en niños, desde su nacimiento, "con fines de identificación". Además, en virtud del artículo 100 de la ley de control de inmigración de 1986, el presidente de los Estados Unidos tiene el poder de implementar cualquier forma de identificación que considere necesaria, incluido un microchip insertado bajo la piel.
La empresa Applied Digital Solutions (APS) ya comercializa el chip subcutáneo bajo los nombres de "Veriship" o "Digital Angel". México, Corea del Sur, Venezuela, Argentina, Colombia, Rusia, las islas del Caribe y la República Dominicana ya están contaminados por esta moda del microchip subcutáneo. En México se estarían realizando implantaciones en niños. En Australia, los bancos y su personal han aceptado que se les implante el microchip de oficio. Nueva Zelanda también ha adoptado el microchip. En Europa, el objeto acaba de llegar "para los animales".
Algunos vehículos de lujo ya poseen un sistema de localización antirrobo por GPS. Uno de los medios de propaganda a favor de la implantación de microchips en seres humanos es la posibilidad de evitar secuestros, o de seguir a distancia a delincuentes, personas poco fiables en materia de crédito o enfermos de todo tipo, "personas de riesgo". Pero más allá de este simple seguimiento, nos vemos obligados a considerar todo lo que inevitablemente se podrá hacer gracias a estos microchips. Potencialmente, el microchip es también una antena, del mismo tipo que un teléfono móvil. Pero a diferencia de tenerlo en la mano o bajo la piel, podríamos tenerlo... en la cabeza. Su miniaturización haría que su detección pudiera volverse problemática.
Se ha demostrado desde hace treinta años que se puede actuar sobre el comportamiento de los seres humanos mediante microondas pulsadas. Estas ondas, pulsadas en frecuencias audibles, son perfectamente percibidas por el cerebro, aunque no se ha elucidado muy bien este mecanismo de decodificación. A nivel subliminal, se puede operar así un condicionamiento. Un chip implantado, eventualmente sin el conocimiento de la "víctima", permitiría una acción específica sobre ciertos individuos o grupos de individuos. Observen de paso que simples teléfonos móviles podrían utilizarse para difundir, sumergidos en las conversaciones de los usuarios, mensajes subliminales con diversos fines.
Al acoplar estos sistemas receptores a proyectos de gran envergadura como HAARP y sus derivados, se llega a técnicas que permitirían actuar a priori sobre grupos humanos muy vastos.
La máquina de decerebrar del padre Ubu ya está en gestación, al igual que el colmillo para cagar y el bastón de phynance.
Un sitio dedicado a la lucha contra el microchip:
http://www.geocities.com/nomicrochip/homepage.html
9 de octubre de 2003:
Los lectores reaccionan señalándome diferentes sitios, como este
http://sens-de-la-vie.com/Archepages/vsv_72_futur-cyborg.htm#Malaisie
Soy como todo el mundo. Intento formarme una idea sobre el presente y el futuro intentando no caer en la paranoia más completa. Es cierto que todo lo que se evoca en este sitio es propiamente apocalíptico. Pero como científico solo puedo decir una cosa: muchas de las manipulaciones evocadas son factibles. Las nanotecnologías están explotando actualmente, o muy cerca de hacerlo. Podrían aportar inmensos beneficios a la humanidad. Pero es evidente que, como toda nueva tecnología, hay un lado negativo, que estos sitios evocan. Uno puede decirse, lamentablemente, que cuando el hombre tiene la posibilidad de cometer horrores, los comete. Citaré como ejemplo lo que ya he puesto en otro dossier y que se refiere a las abominables experiencias del japonés Hi-Shi en una parte de China invadida por Japón en los años treinta. Lo que se ha podido aprender en documentos difundidos desafía la imaginación:
- Nos habíamos dado cuenta de que la mejor manera de seleccionar cepas para la guerra bacteriológica era utilizar a los propios sujetos. Si morían, era porque las cepas eran de buena calidad, virulentas. Entonces bastaba con anestesiarlos y tomar su sangre. Servían como reactores bacteriológicos naturales. Para hacer salir mejor su sangre, un soldado saltaba con los pies juntos varias veces sobre el corazón.
También se aprendió en este dossier difundido por Arte hace algo así como un año que los estadounidenses, al descubrir estas interesantes investigaciones, aseguraron la impunidad a sus autores a cambio de la no destrucción de sus archivos, y retomaron estas investigaciones para su propio beneficio.
Ayer, 9 de octubre de 2003, seguí como muchos otros un documental sobre la CIA donde uno de sus antiguos dirigentes, interrogado por una comisión de investigación, terminó por admitir que los servicios de la CIA habían estado en el origen de 20.000 asesinatos en el Vietnam del Norte, a título de provocación, para desencadenar la guerra, bajo Johnson (quien habría dicho a un general: "hacedme elegir y tendréis vuestra guerra"). Una guerra que fue perdida y que costó la vida a 55.000 estadounidenses y a un millón de vietnamitas. Otro miembro de la CIA, "pragmático", decía "pero los asesinatos políticos siempre han formado parte del juego. ¿Por qué sorprenderse?". Otro decía "todos los asesinatos políticos perpetrados por la CIA siempre se han hecho con el acuerdo previo del Presidente". Así, el amable Kennedy habría dado su luz verde a múltiples intentos de asesinato dirigidos contra Castro, tras el fracaso de la operación de Bahía de Cochinos.
Todos los países del mundo no valen mucho mejor. Pero lo que se puede decir de América es que allí, la paranoia planetaria toma una dimensión muy diferente debido a sus capacidades tecnológicas.

Los dirigentes estadounidenses no están más locos que los demás, pero tienen más medios, en particular tecnológicos. Todo esto es extremadamente inquietante. La elección de Schwarzenegger, "Robocop", como gobernador de California es quizás un símbolo del "cualquier cosa estadounidense" (después del vaquero Reagan, el soldado-robot Schwarzie). Seguí en televisión un reportaje que mostraba un seguimiento completo de la elección del Gobierno de California, la cual fue ganada holgadamente por "Schwarzie". Este evitó con habilidad los cara a cara de todo tipo así como las preguntas incómodas de los periodistas. Las cadenas de televisión le opusieron a comparsas, lamentables payasos. Un enano, un niño, un anciano, una actriz de cine porno. Esos no buscaban su elección sino una simple publicidad personal. En Francia ya tenemos una pobre idea de lo que se llama "política". Se ve a personas "imputadas" por asuntos muy incómodos, relacionados con "empleos ficticios", reaparecer poco tiempo después como portavoces de una formación política (Alain Juppé). En otro lugar es un exconvicto, Carignon, quien se presenta después de haber "cumplido su pena", pasado varios años en prisión, y que se encuentra tranquilamente reelegido. Se cree soñar. O entonces es una pesadilla comparable a la película "Matrix".
¿Dónde está la realidad? ¿Una persona, después de haberles mostrado "el reverso de las cartas", les dirá algún día:
Bienvenido al mundo real.
Pienso en Thierry Meyssan que me decía "En verdad, ya no sé muy bien qué hacer". Nos sentimos como superados por los acontecimientos. Queda que los Estados Unidos han hecho un gesto importante: desencadenar una guerra sin tener el aval del Consejo de Seguridad al invadir Irak. Y esto mientras que los investigadores enviados sobre el lugar no han sido capaces de encontrar la menor traza de instalaciones destinadas a desarrollar "armas de destrucción masiva". Nada... Eso está mal. Y es tanto más ridículo cuando se ve a Bush pedir ayuda porque esta guerra empieza a costarle caro.
La historia es lamentablemente muy humana. Está escrita por hombres, hasta que se demuestre lo contrario. En una vida, a un ser humano le pasa hacer... cualquier cosa. Es quizás lo que está ocurriendo ante nuestros ojos en este momento. Es el ascenso de una especie de paranoia generalizada. Por un lado se lanzan operaciones de guerra un poco al azar. Por otro, se lanzan legiones de comandos suicidas. Cuando las convicciones religiosas se entrometen, hola. Leí un artículo antiguo, de Le Point, dedicado a las colonias judías donde un colono evocaba un aspecto de la ley que prohíbe a los judíos abandonar su tierra. Una tierra que han abandonado durante más de diecisiete siglos. ¿Cómo esperar encontrar la menor racionalidad en este conflicto?
Todos somos responsables. Todos los Estados son responsables, pero nadie quiere pagar el precio. Ningún Estado desea ir a poner sus soldados aquí o allá para impedir que las cosas degeneren. Si la ONU enviara una fuerza internacional a Israel, esta se convertiría inmediatamente en el blanco de los extremistas... de ambos lados.
Se descubren las fosas comunes de Sadam Husein. Es una realidad siniestra. Durante la primera Guerra del Golfo, países de la ONU formaron una coalición para "liberar Kuwait". ¿Qué pasó después? Los EE. UU. impusieron un embargo que hizo sufrir atrocemente a la población iraquí, sin resultado. Mientras la gente moría de hambre y enfermedad, el dictador, un completo enfermo mental, continuaba habitando en sus palacios, coronados por búnkeres. Pero la continuación de esta guerra fue que los Emiríes kuwaitíes fueron devueltos a sus palacios y continuaron atragantándose como antes.
Tras los dramas del 11 de septiembre, no diría que se descubre, pero se llama la atención de la gente sobre los paraísos fiscales. Eva Joly, en su libro, describe la invasión de nuestra economía por estos circuitos paralelos que escapan a todo control. Los investigadores estadounidenses, persiguiendo a Bin Laden, dan obviamente con estos caminos de dinero que pasan por todos estos pequeños paraísos. Pero no se trata de hacer caer estos secretos bancarios. Los estadounidenses también los utilizan....
De lo que he tomado conciencia estos últimos meses es del carácter ilusorio de la información. Los periodistas no piensan, o poco. Muchos están a las órdenes de quienes poseen sus medios de expresión y pagan sus salarios. Casi todos están sentados en asientos eyectables. Una simple presión y hop, nos deshacemos de ellos. Los jefes de Estado hacen cualquier cosa. Bush hace cualquier cosa, Putin hace cualquier cosa, día a día. Y definir su "eje del mal". No el mismo que el del otro, evidentemente. Los científicos tampoco piensan y hacen cualquier cosa, como los demás. De Gaulle se hizo célebre por muchas de sus frases, en particular "los franceses son bueyes". Antes de él, Petain había dicho "los franceses tienen la memoria corta".
Extiendan esto al conjunto de la humanidad.
Los terrícolas tienen la memoria corta y son bueyes
Añadan:
Sus dirigentes hacen cualquier cosa.
Hecho esto, vayan hacia su botiquín y traguen una buena dosis de tranquilizantes o enciendan su televisión y miren un concurso. Parece que a dosis suficientes eso tiene efecto. Es:
La máquina de decerebrar del padre Ubu 9 de marzo de 2004: Una breve observación. Se sabe que el cerebro es sensible a ondas electromagnéticas de muy baja frecuencia, como los 16 hercios. He leído en revistas que la firma Motorola habría equipado los móviles que producía con sistemas generadores de estas bajas frecuencias, indetectables con los medios electrónicos usuales. La máquina de decerebrar del padre Ubu no es a priori una ficción. Se llega a preguntarse si todo esto no podría algún día cercano convertirse en una realidad o si ya no lo es. Ficción y realidad parecen indiscernibles. Todo lo que se puede decir es que en cuanto el hombre ha encontrado el medio de cometer una tontería, no se ha privado de hacerlo. ¿Cómo un país altamente desarrollado tecnológicamente podría resistir a un proyecto consistente en embrutecer al resto del mundo, hacer a la gente pasiva (se sabe que estas bajas frecuencias pueden en particular volver a la gente abúlica).
Busco pasaje en un platillo volante, para cualquier otro planeta. Estaría dispuesto a compartir los gastos.
21 de septiembre de 2004: Se ha visto que los estadounidenses comercializan (libremente) armas incapacitantes que clavan en la carne de las "víctimas" dos agujas conectadas a una fuente de alta tensión que las paraliza durante unos diez minutos. El desarrollo de la nanotecnología hace que sería extremadamente fácil, cuando el "sospechoso" se encuentra fuera de estado de reaccionar, implantarle un microchip a su insu, lo que permitirá luego seguirlo. Nadie podrá probar que fue implantado durante esta detención. No hay ninguna razón para que estos chips, cuyo tamaño (conocido) es inferior al de un grano de arroz, puedan ver su tamaño reducirse al de una... aguja. También es posible hacer que tales objetos ya no sean detectables por radio. La factibilidad de la implantación a distancia de un chip en un sujeto ya no está por demostrar. Este tendrá la impresión "de haber sido picado por un mosquito".
La ciencia ficción no es más que la ciencia y la tecnología de un futuro que parece cada vez más cercano. Se tiene la impresión de decirse "imaginemos las cosas más delirantes, adoptemos una actitud completamente paranoica: probablemente estaremos por debajo de la realidad".
Tres años después (abril de 2006):
http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3230,36-760094,0.html
Chicos digitales
LE MONDE del 10 de abril de 2006
Como todos los sábados por la noche, Marco Elshof, de 21 años, llega hacia la medianoche al Baja Beach Club, la famosa discoteca de Róterdam. A diferencia de los clientes ordinarios, no necesita pasar por la caja. Hace una señal a una azafata de bienvenida, que se acerca con un escáner portátil. Extiende el brazo hacia el aparato, e inmediatamente, su nombre, su foto y un número de matrícula se muestran en una pantalla atornillada en la pared. Sin decir una palabra, los porteros se apartan para dejarlo entrar. El sistema informático del Club lo ha reconocido, porque se ha hecho implantar en la parte alta del brazo un "Verichip": un tubo de vidrio ultrarresistente del tamaño de un grano de arroz grande, que contiene un chip electrónico, un emisor-receptor y una antena.
En un segundo, el escáner activa el implante a distancia, capta el número de identificación único de 16 dígitos contenido en el chip y lo transmite a un ordenador que contiene los archivos de todos los clientes "implantados". Marco atraviesa la inmensa sala del Baja Beach Club, con sus escenarios de espectáculo, sus bares en forma de barco, sus camareras en bikini y sus camareros musculados. Sube una escalera que conduce a una vasta plataforma elevada: es el "VIP Deck", reservado a los clientes importantes y a los portadores de un Verichip. Se instala en este espacio confortable, protegido de la multitud, y luego pide una bebida al camarero. Para pagar, acerca de nuevo su brazo a un escáner fijado cerca de la barra. Además de su nombre y su foto, la pantalla colocada sobre la barra muestra el estado de la cuenta que ha abierto en el Baja, y que será debitada automáticamente. Si prefiere ser servido en la mesa o en el jacuzzi, la camarera traerá su escáner al mismo tiempo que las consumiciones. Los otros bares del Baja Beach Club serán equipados pronto a su vez.
Para convertirse en un "VIP implantado", hay que pagar 1.000 euros, lo que cubre la compra del chip –la pastilla–, la colocación, y, a título promocional, un crédito en la barra del VIP Deck. La operación es realizada por un médico, que hace una inyección anestésica en el brazo del paciente, y luego inyecta el implante entre la dermis y el músculo con ayuda de una jeringa biselada grande. Marco, que consume mucho y invita a menudo a amigas, debe reabastecer su cuenta de 100 a 200 euros por semana. Proveniente de una familia muy acomodada y ya hombre de negocios a pesar de su joven edad, le gusta que su estatus de VIP esté inscrito en su carne: "De hecho, me gusta todo lo que es extremo y delirante. Practico el salto elástico, el paracaidismo deportivo, los negocios un poco arriesgados. Para mí, tener un chip bajo la piel, es del mismo orden."
En la mesa vecina, Dick Carlier, de 34 años, ingeniero en diseño industrial, paga también su whisky pasando su brazo por el escáner: "Cuando decidí ponerme un chip, mis padres tuvieron miedo de que se rompiera o de que fuera a pasearse por cualquier parte de mi cuerpo. Pero constataron que todo iba bien, y ya no piensan en ello. Personalmente, nunca he tenido inquietud. Aquí en Róterdam, hay un montón de gente con piercings increíbles, y todo va bien para ellos. Yo, tengo algo aún mejor: mi chip es un piercing secreto, me siento único, original. Es también una tarjeta de crédito invisible, eso me gusta. Cuando hablo de ello con gente que encuentro, todos quieren tocarme el brazo, para sentir el chip bajo mi piel."
En origen, este proyecto inédito fue imaginado por uno de los propietarios del Baja, un estadounidense instalado en Europa desde hace una docena de años. "Buscaba un sistema original y divertido para fidelizar a mis clientes más famosos y más ricos, explica Conrad Chase. Cuando leí en Internet un artículo sobre el Verichip, comprendí inmediatamente cómo podría servirme de él. Me apasiona: antes de lanzarme a la industria del entretenimiento, estudié electrónica en el ejército y en la Universidad." Para dar ejemplo, Conrad Chase quiso ser el primero en hacerse poner un implante. Varios de sus empleados lo imitaron, aunque no lo necesitaran realmente. Hoy, 70 clientes del Baja Beach Club, entre ellos una decena de mujeres, tienen un Verichip. El más viejo es un hombre de negocios quincuagenario, el más joven tiene 19 años y tuvo que pedir prestado para pagar los 1.000 euros.
Jo van Galen, el otro copropietario del Baja, está aún sorprendido por el éxito de este asunto: "Cuando Conrad me habló de ello por primera vez, lo tomé por un loco. Me equivocaba. Para lanzar el Verichip, organizamos una gran velada, que fue retransmitida por la televisión. Un médico instalado en medio de la sala implantó a 25 personas seguidas. Posteriormente, decidimos que los VIP no serían más de 70, porque si el VIP Deck estuviera abarrotado, perdería su razón de ser. Los nuevos candidatos han tenido que pedir cita con un médico en la ciudad. No queremos compras impulsivas, debe ser una decisión reflexionada. A pesar de esto, tenemos una lista de espera de varias decenas de candidatos." Conrad Chase posee otro Baja Beach Club en Barcelona, y lo ha equipado con el mismo sistema. Allí, el éxito del programa es aún más espectacular.
El Verichip, basado en la tecnología llamada RFID (identificación por radiofrecuencia), es fabricado por la empresa estadounidense del mismo nombre, instalada en Florida, que simplemente ha mejorado un sistema corrientemente utilizado en los Estados Unidos para marcar el ganado y los animales de compañía. En octubre de 2004, el Verichip "humano" obtuvo de la administración federal su permiso de comercialización, y desde entonces la empresa solicita activamente a diferentes sectores de actividad.
En los Estados Unidos, apunta prioritariamente a las aplicaciones médicas. Cuando el servicio de urgencias de un hospital recibe heridos inconscientes o enfermos incapaces de expresarse, los médicos pierden un tiempo precioso identificándolos e informándose sobre sus antecedentes. Si fueran portadores de un Verichip, serían escaneados desde su llegada, y los urgenciólogos tendrían inmediatamente acceso a sus expedientes médicos –que estarían almacenados en una base de datos centralizada. Anticipándose a la demanda, la empresa Verichip ya ha creado un centro de servidores en Florida en un búnker subterráneo reputado inviolable. A principios de 2006, 78 hospitales habían aceptado participar en proyectos piloto. El Centro médico universitario de Hackensack (Nueva Jersey) ya ha instalado los equipos necesarios en su sala de urgencias, e informa a sus pacientes sobre este nuevo programa. Una treintena de habitantes de Hackensack se han hecho implantar –pacientes, pero también médicos y enfermeras.
Verichip busca también conquistar los mercados latinoamericanos. En México, las autoridades consideraron inmediatamente esta novedad como una herramienta de control y seguridad. En enero de 2006, varias decenas de funcionarios del ministerio de justicia y de la oficina del fiscal de México se hicieron implantar Verichips a costa de la administración. El fiscal general en persona convocó a la prensa para ser fotografiado, con la manga remangada, mientras se hacía poner su implante.
De ahora en adelante, las puertas de las oficinas ministeriales que albergan documentos confidenciales y de diferentes lugares seguros están controladas por lectores de Verichip: a diferencia de las tarjetas magnéticas y los localizadores, los implantes no pueden ser ni perdidos, ni robados –ni revendidos.
Cuando se instalen escáneres más potentes en los pasillos y las escaleras, el sistema permitirá también registrar las idas y venidas de los funcionarios…
A principios de 2006, más de 2.000 personas en el mundo tenían un Verichip en el brazo.
Verichip es la única empresa comercial presente en este mercado, pero sufre desde hace unos meses una competencia inesperada. En los Estados Unidos, voluntarios apasionados por las nuevas tecnologías han emprendido fabricar artesanalmente sus propios sistemas, y los utilizan sin informar a nadie. En Internet, han creado una comunidad informal muy activa.
Se han bautizado "The Tagged", los etiquetados.
Mikey Sklar, de 28 años, vive en un loft en Brooklyn y trabaja como informático en la Bolsa de Nueva York. Desde hace unos meses, vive con un chip RFID implantado en la mano izquierda, entre el pulgar y el índice: "Es un modelo de gama baja, un poco grande, fabricado en serie para el ganado. Lo pagué 2 dólares, y los lectores 40 dólares cada uno. Al principio, quería que me lo pusiera un veterinario. Finalmente, recurrí a un amigo cirujano, pero aun así hundió el chip con una pistola diseñada para las vacas. La cicatrización fue un poco larga, pero ahora, todo va bien."
Luego Mikey se puso a inventar aplicaciones para su nuevo juguete: "Conecté un lector RFID a mi Macintosh. Se enciende en cuanto acerco la mano al teclado. También fabriqué una pequeña pantalla inalámbrica: cuando paso la mano delante, me reconoce y muestra mis correos electrónicos o mis sitios favoritos." Mikey ha decidido dejar su empleo para dedicarse a la invención de este tipo de sistemas, y a ir a vivir a una pequeña ciudad de Nuevo México. Ya ha previsto equipar su nueva casa con toda una gama de gadgets y herramientas que funcionan gracias a su implante. Dicho esto, para él, el lado práctico no es lo esencial: "Siempre me ha atraído la idea de que, algún día, el hombre y la máquina iban a fusionarse, a interpenetrarse. Este proceso ya está en curso, con la multiplicación de las prótesis médicas cada vez más perfeccionadas." Mikey se dice cercano a la "filosofía transhumanista", corriente de pensamiento nacida en las universidades anglosajonas hace una docena de años. Los transhumanistas predicen que pronto la especie humana dejará de sufrir pasivamente su evolución física, y logrará dominarla, gracias en particular a los implantes. Mikey está persuadido de que en un futuro cercano, la gente sana querrá hacerse poner prótesis que multiplicarán por diez sus rendimientos físicos, mentales y sensoriales. El chip RFID no es más que un primer paso.
En Bellingham (Estado de Washington), Amal Gaafstra, de 29 años, jefe de una empresa de mensajería electrónica, ha dado un paso adicional. Tiene un implante en cada mano: "Es mi médico de cabecera quien me los puso. A la izquierda, puse un chip muy simple, para los usos estándar. A la derecha, es más pequeño, pero mucho más perfeccionado, posee una memoria que permite almacenar mensajes más largos, borrables y modificables a voluntad. El lector cuesta 600 dólares, pero las aplicaciones potenciales son infinitas." Luego, Amal instaló una cerradura eléctrica y un lector RFID en la puerta de su apartamento, que se abre sola en cuanto acerca su mano al picaporte. Lo mismo para su coche: la apertura de las portezuelas y el encendido están controlados por su chip izquierdo: "Me acostumbré en unos días. Hoy, lo utilizo mecánicamente."
Amal ha escrito un manual para el uso de los autodidactas, titulado RFID Toys, y empieza a tener imitadores. Después de haber dudado algún tiempo, su prometida, Jennifer, de 23 años, acaba de hacerse implantar a su vez: "Al principio, no veía el interés, pero vi a Amal usarlo todos los días, comprendí que era demasiado genial." Amal fue a casa de Jennifer, que vive en Vancouver, en Canadá, para instalar lectores en su ordenador y en su puerta de entrada: "Su chip controla mis aparatos, y viceversa. Un día, las máquinas que nos rodean nos reconocerán individualmente y se adaptarán a nuestras necesidades particulares."
Dicho esto, la banda de los "etiquetados" no sueña con un mundo donde toda la población llevara un chip, y algunos se dicen listos para luchar para hacer respetar los derechos de los que no lo quieran. Por su parte, rechazarán los sistemas vendidos llave en mano por empresas comerciales como Verichip, cuyos softwares están bloqueados y son secretos. Juran permanecer fieles a los sistemas artesanales, que son libres, abiertos, y fabricados con total transparencia gracias a un trabajo colectivo.
Los implantes salvajes han cruzado el Atlántico casi tan rápido como el Verichip. Dan Lane, un informático inglés de 25 años que vive en Norfolk, tiene uno en la muñeca izquierda, para activar sus puertas y sus ordenadores. Dan, que cuida su look punk y se define como el "Digital Boy del siglo XXI", tiene el sentimiento de ser un precursor, pero no por mucho tiempo. Según él, el gran público se apropiará rápidamente de esta tecnología: "En Inglaterra, veo claramente que los adeptos del piercing y del tatuaje van a adoptar los implantes, como una moda. Asistiremos a la fusión entre dos tribus urbanas, los apasionados de la tecnología y los apasionados de la modificación corporal. Por lo demás, mi chip fue puesto por mi novia, que regenta un salón de piercing. Luego, todos estos jóvenes van a inventar libremente nuevas maneras de servirse de los implantes, según sus necesidades o su fantasía."
Yves Eudes
Artículo publicado en la edición del 11.04.06
Chicos digitales
LE MONDE del 10 de abril de 2006
Como todos los sábados por la noche, Marco Elshof, de 21 años, llega hacia la medianoche al Baja Beach Club, la famosa discoteca de Róterdam. A diferencia de los clientes ordinarios, no necesita pasar por la caja. Hace una señal a una azafata de bienvenida, que se acerca con un escáner portátil. Extiende el brazo hacia el aparato, e inmediatamente, su nombre, su foto y un número de matrícula se muestran en una pantalla atornillada en la pared. Sin decir una palabra, los porteros se apartan para dejarlo entrar. El sistema informático del Club lo ha reconocido, porque se ha hecho implantar en la parte alta del brazo un "Verichip": un tubo de vidrio ultrarresistente del tamaño de un grano de arroz grande, que contiene un chip electrónico, un emisor-receptor y una antena.
En un segundo, el escáner activa el implante a distancia, capta el número de identificación único de 16 dígitos contenido en el chip y lo transmite a un ordenador que contiene los archivos de todos los clientes "implantados". Marco atraviesa la inmensa sala del Baja Beach Club, con sus escenarios de espectáculo, sus bares en forma de barco, sus camareras en bikini y sus camareros musculados. Sube una escalera que conduce a una vasta plataforma elevada: es el "VIP Deck", reservado a los clientes importantes y a los portadores de un Verichip. Se instala en este espacio confortable, protegido de la multitud, y luego pide una bebida al camarero. Para pagar, acerca de nuevo su brazo a un escáner fijado cerca de la barra. Además de su nombre y su foto, la pantalla colocada sobre la barra muestra el estado de la cuenta que ha abierto en el Baja, y que será debitada automáticamente. Si prefiere ser servido en la mesa o en el jacuzzi, la camarera traerá su escáner al mismo tiempo que las consumiciones. Los otros bares del Baja Beach Club serán equipados pronto a su vez.
Para convertirse en un "VIP implantado", hay que pagar 1.000 euros, lo que cubre la compra del chip –la pastilla–, la colocación, y, a título promocional, un crédito en la barra del VIP Deck. La operación es realizada por un médico, que hace una inyección anestésica en el brazo del paciente, y luego inyecta el implante entre la dermis y el músculo con ayuda de una jeringa biselada grande. Marco, que consume mucho y invita a menudo a amigas, debe reabastecer su cuenta de 100 a 200 euros por semana. Proveniente de una familia muy acomodada y ya hombre de negocios a pesar de su joven edad, le gusta que su estatus de VIP esté inscrito en su carne: "De hecho, me gusta todo lo que es extremo y delirante. Practico el salto elástico, el paracaidismo deportivo, los negocios un poco arriesgados. Para mí, tener un chip bajo la piel, es del mismo orden."
En la mesa vecina, Dick Carlier, de 34 años, ingeniero en diseño industrial, paga también su whisky pasando su brazo por el escáner: "Cuando decidí ponerme un chip, mis padres tuvieron miedo de que se rompiera o de que fuera a pasearse por cualquier parte de mi cuerpo. Pero constataron que todo iba bien, y ya no piensan en ello. Personalmente, nunca he tenido inquietud. Aquí en Róterdam, hay un montón de gente con piercings increíbles, y todo va bien para ellos. Yo, tengo algo aún mejor: mi chip es un piercing secreto, me siento único, original. Es también una tarjeta de crédito invisible, eso me gusta. Cuando hablo de ello con gente que encuentro, todos quieren tocarme el brazo, para sentir el chip bajo mi piel."
En origen, este proyecto inédito fue imaginado por uno de los propietarios del Baja, un estadounidense instalado en Europa desde hace una docena de años. "Buscaba un sistema original y divertido para fidelizar a mis clientes más famosos y más ricos, explica Conrad Chase. Cuando leí en Internet un artículo sobre el Verichip, comprendí inmediatamente cómo podría servirme de él. Me apasiona: antes de lanzarme a la industria del entretenimiento, estudié electrónica en el ejército y en la Universidad." Para dar ejemplo, Conrad Chase quiso ser el primero en hacerse poner un implante. Varios de sus empleados lo imitaron, aunque no lo necesitaran realmente. Hoy, 70 clientes del Baja Beach Club, entre ellos una decena de mujeres, tienen un Verichip. El más viejo es un hombre de negocios quincuagenario, el más joven tiene 19 años y tuvo que pedir prestado para pagar los 1.000 euros.
Jo van Galen, el otro copropietario del Baja, está aún sorprendido por el éxito de este asunto: "Cuando Conrad me habló de ello por primera vez, lo tomé por un loco. Me equivocaba. Para lanzar el Verichip, organizamos una gran velada, que fue retransmitida por la televisión. Un médico instalado en medio de la sala implantó a 25 personas seguidas. Posteriormente, decidimos que los VIP no serían más de 70, porque si el VIP Deck estuviera abarrotado, perdería su razón de ser. Los nuevos candidatos han tenido que pedir cita con un médico en la ciudad. No queremos compras impulsivas, debe ser una decisión reflexionada. A pesar de esto, tenemos una lista de espera de varias decenas de candidatos." Conrad Chase posee otro Baja Beach Club en Barcelona, y lo ha equipado con el mismo sistema. Allí, el éxito del programa es aún más espectacular.
El Verichip, basado en la tecnología llamada RFID (identificación por radiofrecuencia), es fabricado por la empresa estadounidense del mismo nombre, instalada en Florida, que simplemente ha mejorado un sistema corrientemente utilizado en los Estados Unidos para marcar el ganado y los animales de compañía. En octubre de 2004, el Verichip "humano" obtuvo de la administración federal su permiso de comercialización, y desde entonces la empresa solicita activamente a diferentes sectores de actividad.
En los Estados Unidos, apunta prioritariamente a las aplicaciones médicas. Cuando el servicio de urgencias de un hospital recibe heridos inconscientes o enfermos incapaces de expresarse, los médicos pierden un tiempo precioso identificándolos e informándose sobre sus antecedentes. Si fueran portadores de un Verichip, serían escaneados desde su llegada, y los urgenciólogos tendrían inmediatamente acceso a sus expedientes médicos –que estarían almacenados en una base de datos centralizada. Anticipándose a la demanda, la empresa Verichip ya ha creado un centro de servidores en Florida en un búnker subterráneo reputado inviolable. A principios de 2006, 78 hospitales habían aceptado participar en proyectos piloto. El Centro médico universitario de Hackensack (Nueva Jersey) ya ha instalado los equipos necesarios en su sala de urgencias, e informa a sus pacientes sobre este nuevo programa. Una treintena de habitantes de Hackensack se han hecho implantar –pacientes, pero también médicos y enfermeras.
Verichip busca también conquistar los mercados latinoamericanos. En México, las autoridades consideraron inmediatamente esta novedad como una herramienta de control y seguridad. En enero de 2006, varias decenas de funcionarios del ministerio de justicia y de la oficina del fiscal de México se hicieron implantar Verichips a costa de la administración. El fiscal general en persona convocó a la prensa para ser fotografiado, con la manga remangada, mientras se hacía poner su implante.
De ahora en adelante, las puertas de las oficinas ministeriales que albergan documentos confidenciales y de diferentes lugares seguros están controladas por lectores de Verichip: a diferencia de las tarjetas magnéticas y los localizadores, los implantes no pueden ser ni perdidos, ni robados –ni revendidos.
Cuando se instalen escáneres más potentes en los pasillos y las escaleras, el sistema permitirá también registrar las idas y venidas de los funcionarios…
A principios de 2006, más de 2.000 personas en el mundo tenían un Verichip en el brazo.
Verichip es la única empresa comercial presente en este mercado, pero sufre desde hace unos meses una competencia inesperada. En los Estados Unidos, voluntarios apasionados por las nuevas tecnologías han emprendido fabricar artesanalmente sus propios sistemas, y los utilizan sin informar a nadie. En Internet, han creado una comunidad informal muy activa.
Se han bautizado "The Tagged", los etiquetados.
Mikey Sklar, de 28 años, vive en un loft en Brooklyn y trabaja como informático en la Bolsa de Nueva York. Desde hace unos meses, vive con un chip RFID implantado en la mano izquierda, entre el pulgar y el índice: "Es un modelo de gama baja, un poco grande, fabricado en serie para el ganado. Lo pagué 2 dólares, y los lectores 40 dólares cada uno. Al principio, quería que me lo pusiera un veterinario. Finalmente, recurrí a un amigo cirujano, pero aun así hundió el chip con una pistola diseñada para las vacas. La cicatrización fue un poco larga, pero ahora, todo va bien."
Luego Mikey se puso a inventar aplicaciones para su nuevo juguete: "Conecté un lector RFID a mi Macintosh. Se enciende en cuanto acerco la mano al teclado. También fabriqué una pequeña pantalla inalámbrica: cuando paso la mano delante, me reconoce y muestra mis correos electrónicos o mis sitios favoritos." Mikey ha decidido dejar su empleo para dedicarse a la invención de este tipo de sistemas, y a ir a vivir a una pequeña ciudad de Nuevo México. Ya ha previsto equipar su nueva casa con toda una gama de gadgets y herramientas que funcionan gracias a su implante. Dicho esto, para él, el lado práctico no es lo esencial: "Siempre me ha atraído la idea de que, algún día, el hombre y la máquina iban a fusionarse, a interpenetrarse. Este proceso ya está en curso, con la multiplicación de las prótesis médicas cada vez más perfeccionadas." Mikey se dice cercano a la "filosofía transhumanista", corriente de pensamiento nacida en las universidades anglosajonas hace una docena de años. Los transhumanistas predicen que pronto la especie humana dejará de sufrir pasivamente su evolución física, y logrará dominarla, gracias en particular a los implantes. Mikey está persuadido de que en un futuro cercano, la gente sana querrá hacerse poner prótesis que multiplicarán por diez sus rendimientos físicos, mentales y sensoriales. El chip RFID no es más que un primer paso.
En Bellingham (Estado de Washington), Amal Gaafstra, de 29 años, jefe de una empresa de mensajería electrónica, ha dado un paso adicional. Tiene un implante en cada mano: "Es mi médico de cabecera quien me los puso. A la izquierda, puse un chip muy simple, para los usos estándar. A la derecha, es más pequeño, pero mucho más perfeccionado, posee una memoria que permite almacenar mensajes más largos, borrables y modificables a voluntad. El lector cuesta 600 dólares, pero las aplicaciones potenciales son infinitas." Luego, Amal instaló una cerradura eléctrica y un lector RFID en la puerta de su apartamento, que se abre sola en cuanto acerca su mano al picaporte. Lo mismo para su coche: la apertura de las portezuelas y el encendido están controlados por su chip izquierdo: "Me acostumbré en unos días. Hoy, lo utilizo mecánicamente."
Amal ha escrito un manual para el uso de los autodidactas, titulado RFID Toys, y empieza a tener imitadores. Después de haber dudado algún tiempo, su prometida, Jennifer, de 23 años, acaba de hacerse implantar a su vez: "Al principio, no veía el interés, pero vi a Amal usarlo todos los días, comprendí que era demasiado genial." Amal fue a casa de Jennifer, que vive en Vancouver, en Canadá, para instalar lectores en su ordenador y en su puerta de entrada: "Su chip controla mis aparatos, y viceversa. Un día, las máquinas que nos rodean nos reconocerán individualmente y se adaptarán a nuestras necesidades particulares."
Dicho esto, la banda de los "etiquetados" no sueña con un mundo donde toda la población llevara un chip, y algunos se dicen listos para luchar para hacer respetar los derechos de los que no lo quieran. Por su parte, rechazarán los sistemas vendidos llave en mano por empresas comerciales como Verichip, cuyos softwares están bloqueados y son secretos. Juran permanecer fieles a los sistemas artesanales, que son libres, abiertos, y fabricados con total transparencia gracias a un trabajo colectivo.
Los implantes salvajes han cruzado el Atlántico casi tan rápido como el Verichip. Dan Lane, un informático inglés de 25 años que vive en Norfolk, tiene uno en la muñeca izquierda, para activar sus puertas y sus ordenadores. Dan, que cuida su look punk y se define como el "Digital Boy del siglo XXI", tiene el sentimiento de ser un precursor, pero no por mucho tiempo. Según él, el gran público se apropiará rápidamente de esta tecnología: "En Inglaterra, veo claramente que los adeptos del piercing y del tatuaje van a adoptar los implantes, como una moda. Asistiremos a la fusión entre dos tribus urbanas, los apasionados de la tecnología y los apasionados de la modificación corporal. Por lo demás, mi chip fue puesto por mi novia, que regenta un salón de piercing. Luego, todos estos jóvenes van a inventar libremente nuevas maneras de servirse de los implantes, según sus necesidades o su fantasía."
Yves Eudes
Artículo publicado en la edición del 11.04.06
Antes de tenerlo en el cuerpo ...
17 de noviembre de 2009 - continuación de la página iniciada en ... 2003
Uno de los argumentos de la gente que duda de esta implantación corporal es la pequeñez de los chips, correlativa a una debilidad de su alcance (en emisión). Una primera respuesta consiste en decir que los RFID tienen tres funciones:
*- Recepción *
- Inscripción de datos
- Emisión
La alimentación en energía no plantea ningún problema, debido al recurso a las nanotecnologías. El chip puede por ejemplo explotar las variaciones de la presión atmosférica (se habían creado antaño relojes que funcionaban sobre este principio).
El tamaño de los chips les permite localizarse, en número, hasta en las células. Su pequeñez actual les permite atravesar ectoplasmas. Con fecha del 17 de noviembre de 2009 sabemos de fuente segura que las paredes de los chips tienen espesores del orden de 60 nanómetros. Si centésimas de milésima de milímetro. Los chips completos tienen tamaños del orden del micrón (mil nanómetros). No hay que imaginar que un ser humano no sería "infectado" más que por uno de ellos. Toda una gama de micro-objetos podrían tener funciones diferentes. Algunos podrían venir a alojarse en "puntos neurálgicos", en el sentido propio del término, constituir receptores para el dolor, servir de reladores frente al nervio auditivo, para poder destilar, sin poder escapar, mensajes subliminales constituyendo una manipulación permanente, procedente de antenas de retransmisión o incluso del espacio.
Otros micro-objetos podrían crear cánceres, afecciones diversas, completar la panoplia de las armas bacteriológicas. Hay bien chips que están previstos para liberar, a demanda, un medicamento. Este podría igualmente bien ser reemplazado por un veneno.
Siempre en modo pasivo, el nano chip se presta a la inscripción de una multitud de datos reinscribibles a voluntad. El individuo pasea así con su "antecedentes penales", sus opiniones políticas, su pertenencia étnica, todo su pasado, grabados en su propio cuerpo, a su insu.
En modo activo, el chip "responderá", a corta distancia: unos metros o unas decenas de metros. El complemento del RFID es la extensión de las "antenas de retransmisión", cuyo movimiento "teléfonos móviles" no da más que una muy débil idea. Relés que no tendrán ninguna necesidad de una alimentación en energía, serán energéticamente autónomos; discretos, indetectables. Ninguna necesidad de instalarlos en los tejados.
Se habla de "cuerpo social". Esta evolución no hace más que "recopiar lo vivo". Nuestro cuerpo es la sede de múltiples redes de comunicación, de las que apenas empezamos a hacer el inventario. Transmisión neuronal, pero también química, y verosímilmente, como Jacques Benveniste fue el primero en identificarlo, bajo forma radio-eléctrica, en muy baja energía, de manera ultra-selectiva, utilizando como energía primaria el fondo de energía electromagnética ambiente.
Todo lo que es biológico podrá encontrar su equivalente en la nano tecnología**
La discreción hará que las aplicaciones coercitivas, negativas (volver estériles a individuos, por ejemplo) no harán más que multiplicarse. Se podrá, infectándolos de esta manera, volver a una población objetivo receptiva a dolores insoportables, lo que permitirá "prohibiciones de zonas".
El mallado por antenas receptoras permitirá la inscripción en la memoria del chip del trayecto seguido por el individuo, datos que podrán luego ser interrogados a distancia, por otro sistema.
Pienso en una escena de la película de Besson: "Angela" donde se ve a Dlamel Debbouz, perseguido por malhechores, intentar encontrar refugio en la embajada de los Estados Unidos, "como ciudadano estadounidense", y que se encuentra frente a un empleado que, con ayuda de un simple ordenador, logra en pocos segundos poner el dedo en sus condenas. Un día no tendremos ni siquiera necesidad de teclado....
Si usted hace esquí, ya se ha acostumbrado a los Dispositivos de Identificación por Radiofrecuencia, bajo forma de tarjetas de remontes mecánicos. Cuando las compra, el vendedor inscribe en su memoria su límite de validez, o el número de remontes a los que tiene derecho. Y cuando la fecha ha expirado, la puerta permanece cerrada (con un chip subcutáneo, o intracraneal, no habrá ni siquiera necesidad de puerta). Todas las funciones: inscripciones de datos y lectura a distancia están ya presentes. Hoy se encontrarán relojes Swatch, baratos, que le harán llevar consigo esta tarjeta, de día como de noche, adondequiera que vaya.

He aquí los datos técnicos:
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Indicación de la hora y función de tarjeta de chip sin contacto (RFID*) Modelos Fun Boarder con función altímetro - Compatible con los sistemas de Skidata Ltd.
Chip RFID* sin contacto EM Microelectronic, 125 kHz, EM4150 V2 f/40 - Memoria lectura/escritura - Hasta 4 aplicaciones independientes memorizables en el chip (protegidas por un cortafuegos) - Protección de datos por criptografía - El chip funciona independientemente de la batería del reloj - Cada reloj tiene su propio número de identificación.
Este número está programado en la fabricación del chip RFID y es infalsificable. Para el control visual: este mismo número de identificación está grabado en el fondo del reloj.
- Antichoque y estanco hasta 30 m - Diseño Swatch. Posibilidad de personalizar la correa y la hebilla.
Aplicaciones:
- Equipamiento de más de 700 estaciones de esquí en el mundo entero - Forfait y acceso a los dominios esquiables – combinación posible con su habitación de hotel - eTicketing – Pedido online de su forfait personal de esquí en el sitio Internet de su estación favorita (si este servicio es ofrecido). Informaciones suplementarias bajo www.swatch.com/snowpass.
Swatch SA, Rue Jakob Staempfli 94, CH-2500 Biel/Bienne 4, Suiza.
Nota Bene: esto data de ... mayo de 2006 !
Note la combinación posible "con su habitación de hotel", o con el restaurante de autoservicio, la discoteca. Un día encontrará desagradable que alguien, habiéndose apoderado de su reloj, haya aprovechado de estas ventajas a su insu. Se dotará entonces al reloj de un código que usted podrá introducir manualmente, para activarlo para el día. Pero un día olvidará este código, y perderá el beneficio de las múltiples funciones ofrecidas. La solución se presentará a usted naturalmente.
*- ¿Por qué arriesgar perder su pase RFID. Cómo hacer para que su pase le acompañe discretamente, a todas partes donde vaya, incluso bajo su ducha. *
Opte por el pase subcutáneo. Simple, discreto, indoloro. Su oficina, su agenda, sus datos útiles, el estado de sus cuentas a ... flor de piel ---
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