Carta abierta de Michael Moore a George Bush en el momento del ciclón Katrina
Carta abierta de Michael Moore al Presidente de los Estados Unidos
6 de septiembre de 2005
Querido señor Bush:
¿Dónde están todos sus helicópteros? ¿Tiene la menor idea? Estamos en el quinto día del cataclismo Katrina y miles de personas siguen atrapadas en Nueva Orleans; habría que izarlas con helicópteros. Maldita sea; ¿dónde demonios ha podido extraviar todos sus helicópteros militares?
¿Necesita ayuda para encontrarlos? Una vez perdí mi coche en un aparcamiento de Sears. ¡Y vaya, tío, qué historia aquella!
Ah, y también, todos los soldados de nuestra guardia nacional, ¿sabe dónde han ido a parar? Realmente podríamos utilizarlos, ahí, ahora mismo, para el tipo de cosas que se comprometieron a hacer, estilo «contribuir a operaciones de rescate en caso de catástrofe nacional». ¿Cómo es que no estaban allí, para empezar?
El jueves pasado estaba en el sur de Florida. Estaba sentado, fuera, cuando el ojo del ciclón Katrina me pasó por encima de la cabeza. Todavía no era más que un ciclón de fuerza 1, pero ya fue bastante duro. Hubo once muertos y aún hoy, algunos hogares seguían sin
electricidad. Esa noche, el presentador del tiempo dijo que este ciclón se dirigía hacia Nueva Orleans. ¡Y eso era nada menos que el jueves pasado! ¿Nadie le dijo nada? Sé bien que no quería interrumpir sus vacaciones bajo ningún pretexto y también sé que no le gustan las malas noticias. Y además, tenía que ir a ventas benéficas y tenía madres de soldados muertos en Irak a las que ignorar y arrastrar por el barro. Una cosa está clara: ¡a ese sí que lo dejó clavado!
Aprecié particularmente cuando, al día siguiente del ciclón, en lugar de volar a Luisiana, fue a San Diego a festejar con sus colegas de negocios. No permita que la gente le critique por eso - después de todo, el ciclón había TERMINADO, y qué habría podido hacer: ¿tapar la brecha en el dique? ¿Cómo? ¿Con el dedo? Y no escuche a esa gente que, en los días venideros, revelará cómo redujo específicamente el presupuesto de los militares de ingeniería de Nueva Orleans, este verano, por tercer
año consecutivo. No tiene más que decirles que, aunque no hubiera suprimido los presupuestos de mantenimiento de esos diques, no habría habido ingenieros militares para repararlos, de todos modos, porque tenía una obra mucho más importante que proponerles:
¡LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA EN IRAK!
Al tercer día del desastre, cuando por fin se decidió a abandonar su lugar de vacaciones, debo decir que me emocionó la manera en que pidió al piloto de su avión privado presidencial Air Force One que descendiera por debajo de las nubes, para que pudiera ver Nueva Orleans, y para que pudiera hacerse una idea rápida del desastre. Vaya, sé bien que no podía detenerse, agarrar un megáfono, subirse a cualquier ruina y desempeñar el papel de comandante en jefe... Yo haber estado allí. Yo haberlo hecho...
Por supuesto, habrá gente que intentará politizar esta tragedia y utilizarla contra usted. Deje simplemente que su servicio de prensa haga la diversión. No responda a ningún ataque.
Incluso esos malditos científicos que predijeron que esto ocurriría porque el agua del Golfo de México no deja de calentarse y que eso hace inevitable un huracán como el que acaba de producirse. Ignórelos, a ellos y a todas sus gallinas mojadas del calentamiento global. No había nada de inhabitual en este huracán que era tan ancho que es como si nos hubiéramos comido un tornado de fuerza 4 que se hubiera extendido desde Nueva York hasta Cleveland.
No, señor Bush, usted siga como si nada. Después de todo, usted no tiene culpa de que el 30 % de la población de Nueva Orleans viva por debajo del umbral de pobreza y de que decenas de miles de habitantes no tuvieran medio de transporte que les habría permitido salir de la ciudad. No fastidie: ¡son negros! Quiero decir, no es como si esto hubiera pasado en Kennebunkport. Se imagina: ¿dejar a blancos sobre su tejado, durante cinco días? ¡No me haga reír! ¡La raza no tiene nada, absolutamente NADA que ver con esta historia! Quédese donde está, señor Bush. Limítese a encontrar algunos de sus helicópteros militares y envíelos allá. Fácil: no tiene más que hacer como si la gente de Nueva Orleans y la costa del Golfo de México estuvieran del lado de Tikrit.
Atentamente, Michael Moore
Querido señor Bush:
¿Dónde están todos sus helicópteros? ¿Tiene la menor idea? Estamos en el quinto día del cataclismo Katrina y miles de personas siguen atrapadas en Nueva Orleans; habría que izarlas con helicópteros. Maldita sea; ¿dónde demonios ha podido extraviar todos sus helicópteros militares?
¿Necesita ayuda para encontrarlos? Una vez perdí mi coche en un aparcamiento de Sears. ¡Y vaya, tío, qué historia aquella!
Ah, y también, todos los soldados de nuestra guardia nacional, ¿sabe dónde han ido a parar? Realmente podríamos utilizarlos, ahí, ahora mismo, para el tipo de cosas que se comprometieron a hacer, estilo «contribuir a operaciones de rescate en caso de catástrofe nacional». ¿Cómo es que no estaban allí, para empezar?
El jueves pasado estaba en el sur de Florida. Estaba sentado, fuera, cuando el ojo del ciclón Katrina me pasó por encima de la cabeza. Todavía no era más que un ciclón de fuerza 1, pero ya fue bastante duro. Hubo once muertos y aún hoy, algunos hogares seguían sin
electricidad. Esa noche, el presentador del tiempo dijo que este ciclón se dirigía hacia Nueva Orleans. ¡Y eso era nada menos que el jueves pasado! ¿Nadie le dijo nada? Sé bien que no quería interrumpir sus vacaciones bajo ningún pretexto y también sé que no le gustan las malas noticias. Y además, tenía que ir a ventas benéficas y tenía madres de soldados muertos en Irak a las que ignorar y arrastrar por el barro. Una cosa está clara: ¡a ese sí que lo dejó clavado!
Aprecié particularmente cuando, al día siguiente del ciclón, en lugar de volar a Luisiana, fue a San Diego a festejar con sus colegas de negocios. No permita que la gente le critique por eso - después de todo, el ciclón había TERMINADO, y qué habría podido hacer: ¿tapar la brecha en el dique? ¿Cómo? ¿Con el dedo? Y no escuche a esa gente que, en los días venideros, revelará cómo redujo específicamente el presupuesto de los militares de ingeniería de Nueva Orleans, este verano, por tercer
año consecutivo. No tiene más que decirles que, aunque no hubiera suprimido los presupuestos de mantenimiento de esos diques, no habría habido ingenieros militares para repararlos, de todos modos, porque tenía una obra mucho más importante que proponerles:
¡LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA EN IRAK!
Al tercer día del desastre, cuando por fin se decidió a abandonar su lugar de vacaciones, debo decir que me emocionó la manera en que pidió al piloto de su avión privado presidencial Air Force One que descendiera por debajo de las nubes, para que pudiera ver Nueva Orleans, y para que pudiera hacerse una idea rápida del desastre. Vaya, sé bien que no podía detenerse, agarrar un megáfono, subirse a cualquier ruina y desempeñar el papel de comandante en jefe... Yo haber estado allí. Yo haberlo hecho...
Por supuesto, habrá gente que intentará politizar esta tragedia y utilizarla contra usted. Deje simplemente que su servicio de prensa haga la diversión. No responda a ningún ataque.
Incluso esos malditos científicos que predijeron que esto ocurriría porque el agua del Golfo de México no deja de calentarse y que eso hace inevitable un huracán como el que acaba de producirse. Ignórelos, a ellos y a todas sus gallinas mojadas del calentamiento global. No había nada de inhabitual en este huracán que era tan ancho que es como si nos hubiéramos comido un tornado de fuerza 4 que se hubiera extendido desde Nueva York hasta Cleveland.
No, señor Bush, usted siga como si nada. Después de todo, usted no tiene culpa de que el 30 % de la población de Nueva Orleans viva por debajo del umbral de pobreza y de que decenas de miles de habitantes no tuvieran medio de transporte que les habría permitido salir de la ciudad. No fastidie: ¡son negros! Quiero decir, no es como si esto hubiera pasado en Kennebunkport. Se imagina: ¿dejar a blancos sobre su tejado, durante cinco días? ¡No me haga reír! ¡La raza no tiene nada, absolutamente NADA que ver con esta historia! Quédese donde está, señor Bush. Limítese a encontrar algunos de sus helicópteros militares y envíelos allá. Fácil: no tiene más que hacer como si la gente de Nueva Orleans y la costa del Golfo de México estuvieran del lado de Tikrit.
Atentamente, Michael Moore
Lea esto. Es pasmoso. Está en Libération del 6 de septiembre.
****http://www.liberation.fr/page.php?Article=321618
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