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EVACUACIÓN DE EMERGENCIA DE TORRES

17 de septiembre de 2001

Para ponerse en contacto con el autor:
Jean-Pierre Petit, Astrofísico,
Francia

Traducido por Benjamin Rottier

Todos hemos visto lo vulnerables que son los rascacielos,
como lo fueron las Torres Gemelas, orgullo de Manhattan, ensamblaje de hierro y hormigón.

Observación, 30/1/2008. Escribí estas frases el 17/9/2001. : Cuando los terroristas estrellaron sus aviones contra las torres, habían elegido aviones
cargados de combustible, sabiendo que su ignición haría colapsar las torres. Sin
este uso del calor, las torres habrían quedado gravemente dañadas pero se habrían
mantenido en pie. Este fenómeno de colapso sucesivo de pisos es inevitable. Si tal evento
tuviera que ocurrir de nuevo, los ocupantes de los edificios deberían poder evacuarlos en
muy poco tiempo, antes de que el calor pudiera tener sus efectos desastrosos.

Demuestra cuán inmediatamente creímos en la tesis oficial. Las cosas han cambiado ahora.

Tras el incendio de San Francisco, los estadounidenses, traumatizados por sus
efectos, habían generalizado las escaleras exteriores. Pero esta solución no podía
aplicarse a edificios muy altos. Aquí sugerimos otra, para ser examinada.

A continuación, el plan general de evacuación de la torre, que
se desarrolla en el exterior, a lo largo de cables. Esos cables se fijan en tambores que parten
de diversos pisos según las personas a evacuar. Así, el cable central
A estaría asignado al rescate de los residentes de los pisos a
que viven en ese lado del edificio. Arriba a la izquierda, el sistema de desenrollado. El tambor
se desbloquea accionando el mecanismo desde el interior, cerca del correspondiente
puesto de evacuación. El cable será tirado hacia abajo por un lastre perfilado (para
que no se enganche a un relieve de la fachada), estando la velocidad limitada por un freno
aerodinámico.

Como señaló Alexandre Berube, ingeniero canadiense,
se necesitarían más cables para los pisos superiores. Con todo el respeto a mi
amigo canadiense Norman, el uso de dispositivos de rápel estándar y cuerdas de ascenso
no es posible. En efecto, hay que hacer zigzaguear la cuerda para colocar el dispositivo
de rápel. Eso es imposible si la cuerda está tensada por varias personas que siguen
descendiendo por debajo.

Se ha mencionado el sistema de evacuación de 'calcetines'.
Es muy ingenioso. Se despliegan largos tubos de nailon sobre la fachada. Las personas entran
por el cuello superior. Nadie puede morir de asfixia debido a su permeabilidad.
Es imposible detener el descenso, porque no hay relieve en el interior; esto
también impide que los cuerpos sin vida queden atrapados. La velocidad está limitada por el
roce de la ropa contra la superficie interior del tubo. Es casi la misma para todos,
sea cual sea la altura o la corpulencia. En efecto, dijo Norman, una persona grande tendrá
una mayor superficie de contacto con el tubo. La velocidad vertical es de unos 2 m/s.
Como los tubos no llegan al suelo, la evacuación es automática. Por supuesto,
las personas solo pueden entrar en el tubo por un único punto, pero aumentar el número de tubos
resolvería este problema. Esos dispositivos son además bastante baratos y pueden
producirse en gran número. El único inconveniente: si las personas visten camisas de manga corta
o pantalones cortos y si el edificio es alto, la fricción sobre la piel podría
causar algunas quemaduras. Pero sufrir quemaduras leves es mejor que quedar sepultado
bajo escombros de hierro y hormigón, ¿no?

Una observación: ¿están los edificios situados en zonas sísmicas de alto riesgo
provistos de tales sistemas de evacuación? Basta con recordar varias cosas.
Cuando ocurre un terremoto y si el edificio no colapsa, su distorsión atasca sistemáticamente todas las puertas en sus marcos y es absolutamente imposible
abrirlas. Habrá que derribarlas, si se es capaz. Además, como
en caso de incendio, las cajas de escaleras son las primeras estructuras en ser dañadas. Recuérdese
también que a menudo hay temblores sucesivos. ¿Cuántas personas se habrían
salvado, incluso en edificios de pocos pisos, si hubieran podido evacuarlos desde
los primeros signos anunciadores?

En el siguiente dibujo, una vista interior del
puesto de evacuación. Solo esas ventanas pueden abrirse por completo y dar a
una pequeña plataforma, sobre la que algunas personas pueden mantenerse de pie sin riesgo de resbalar.
Unas escaleras permiten alcanzar rápidamente la plataforma de evacuación. Se puede ver el cable
desenrollado (diámetro: unos 5 mm). Abajo: el desenrollado del cable y vista del
freno aerodinámico giratorio.

En el dibujo de abajo, un grupo de personas (una pareja con un
niño) a punto de lanzarse. El equipo de cada uno se detallará después.

Abajo, la base del mecanismo. Es un
retardador de descenso, que funciona por fricción. En A, el sistema de paletas flexibles,
derivado de los embragues centrífugos de los automóviles, en su caja. El sistema de paletas
se muestra fuera de su caja en D. Las paletas flexibles de acero están unidas a
elementos que rozan en la parte interior del tambor E. En B,
se puede ver el cable rozando uno de los rodillos, solidario con un engranaje
que aumenta la rotación. En C, un dibujo esquemático: a la derecha, el
rodillo y el engranaje; a la izquierda, las paletas de frenado girando en su pista.
En G, un armario de almacenamiento para dos equipos, que difieren por la forma
en que se acoplan al retardador de descenso. A la izquierda, un arnés simplificado
(similar a los arneses usados para izar a alguien desde un helicóptero).

Dibujos siguientes: el retardador de descenso completo.
Las paletas que trabajan por fricción ya no son visibles. Están encerradas en su
caja. Imagen A: la 'tapa-cable' está hacia arriba, en posición desbloqueada. El
dispositivo se guarda en un armario en esa configuración, colgado por el gancho de suspensión. Abajo, una placa solidaria con las dos cajas (la segunda contiene
el engranaje multiplicador, solidario con el rodillo de goma del que se puede ver una parte,
de color negro). La placa está equipada con un mosquetón para que las personas se cuelguen.
El sistema tiene una ranura en la que se coloca el cable. El cable está fuertemente tensado
por el pesado lastre que lo llevó hasta el suelo, al que está unido por
un resorte de tensión (para evitar que los cables sean movidos por el viento). El cable entonces
debe quedar encerrado en la ranura girando la tapa-cable y la empuñadura
de freno manual 180°. Dibujo B: sistema listo para el descenso. La tapa-cable de forma triangular
oculta la ranura en la que se ha insertado el cable. Al hacer esto,
el cable queda presionado contra el primer rodillo de goma. La empuñadura
de control del freno manual está hacia abajo. En C, una vista lateral del dispositivo.

Dibujo siguiente: el almacenamiento. A: el
retardador de descenso colgado, freno manual hacia arriba, en posición desbloqueada. Se
puede ver la ranura por la que corre el cable. En B, un arnés de nailon parecido
a un pantalón para que puedan evacuarse personas sin vida o personas propensas al pánico.
Ser izado desde un helicóptero o dejarse caer desde una altura de 400 metros puede
que no produzca las mismas impresiones. No deben olvidarse las personas mayores, las personas con movilidad reducida ni los niños. En C, alguien tirando del
arnés-pantalón. En D, se aprieta los tirantes. Cerca de él, una persona
equipada con un arnés simplificado (tipo izado). La suspensión se realiza
mediante una correa de nailon cosida, terminada en un mosquetón.

Abajo, un hombre listo para saltar. Su retardador de descenso
ha sido colocado. La tapa-cable está cerrada, asegurando con ello el
contacto del cable con los rodillos. Se ha apretado los tirantes y está
sujeto al retardador. Sostiene su correa de suspensión con la mano derecha y
está a punto de agarrar el freno manual con la izquierda. Ninguno de esos agarres es esencial
para la seguridad, ya que el dispositivo puede bajar la carga hasta el suelo automáticamente.

En esta vista aérea, alguien descendiendo.
Su mano izquierda está en el freno manual, que en teoría solo usará cerca del suelo
para evitar golpear a una persona que ya ha alcanzado su destino pero que
aún no se ha alejado o ha sido retirada. Una persona de "peso normal" podría descender a
unos 2 m/s. Siendo la fricción proporcional al cuadrado de la velocidad de descenso,
esta no aumentaría tanto si varias personas colgaran del mismo
retardador o si las personas fueran más pesadas. Cuando salté con paracaídas hemisféricos
antiquísimos, la velocidad vertical habitual en el momento del impacto era de 6 m/s.

Siguiente vista: varias personas en el mismo dispositivo
de rápel. En cualquier caso, una persona encargada del puesto de evacuación estaría en cada
plataforma. Fijaría el retardador de descenso al cable y el mosquetón a
las personas que llegaran. Les mostraría la empuñadura del freno manual, les recordaría su
uso y comprobaría que todo está bien antes de permitir el salto.

Por último, hay que recibir a las personas. Para
que la evacuación sea lo más rápida posible, las personas estarían separadas por solo unos
pocos pies en un mismo cable. Corresponde a ellas controlar su velocidad de descenso, gracias
al freno manual, y mantener su distancia con la persona de abajo, sin
reducir nunca el flujo vertical. Dos personas desempeñarían un papel importante en las
operaciones de evacuación (debería haber un entrenamiento periódico): la primera
usaría el cable para esperar en el suelo a las 'cargas'. Retiraría rápidamente
los dispositivos de rápel, levantando la tapa-cable y permitiendo así que el
cable salga de la ranura. Arriba, alguien ha usado su freno manual y está
esperando, para no perturbar la operación (B). En primer plano,
alguien alejándose rápidamente (D).

Si tal sistema se hubiera instalado en cada
uno de los cuatro lados de las torres de Nueva York, podrían haberse salvado miles de vidas humanas. Pero ¿quién podría haber previsto tal horror?

Hoy, lo sabemos.

17 de septiembre de 2001

El desenrollado de los cables sigue siendo problemático,
sobre todo desde varios cientos de metros, debido al efecto del viento cruzado. Los cables
no deben enredarse por el efecto de una ráfaga de viento, o las personas chocarían
entre sí. Habíamos previsto simplemente un lastre pesado. Pero ningún lastre podría
tensar el cable si tiene dos, tres o incluso cuatrocientos metros de largo. La
solución sería entonces bloquear el cable abajo. Para ello, los lastres
podrían perfilarse como obuses (B) y caer (A) bastante rápido (frenado
aerodinámico mínimo) hacia pozos tapados con tapas de registro de plástico,
suficientemente resistentes para soportar el peso de un hombre pero suficientemente frágiles para estallar en
el momento del impacto. Los obuses se centrarían en guías cónicas. El bloqueo podría
ser automático.

En D, la persona que ha accionado la
caída del cable podría tensarlo con una simple manivela (M). Si, como se ha escrito
arriba, los cables se asignaran a la evacuación de un número finito de pisos,
el desenrollado del cable y su tensado podrían hacerse desde varios puestos de operación
y evacuación (aunque solo fuera porque uno de ellos pueda ser inaccesible).

Aquí hemos hablado de un retardador por fricción, derivado
de los embragues de automóviles. Un sistema derivado del clásico regulador de bolas de James Watt
podría garantizar una velocidad de descenso constante, sea cual sea la carga (porque
este sistema tiene una respuesta muy 'no lineal').

Regulador de bolas

En estas condiciones, los frenos manuales podrían
eliminarse y probablemente sería mejor. En efecto, existiría el riesgo
de que alguien presa del pánico o mareado apriete la mano sobre el freno, bloqueando
toda la cadena de evacuación. Si las personas pueden bajar a velocidades muy similares, espaciar
los saltos desde la plataforma garantizaría al hombre en el suelo suficiente
tiempo para liberar a las personas que llegan.

Todo lo anterior son solo ideas que he anotado
a medida que surgían. Pero parecen demostrar que, sin cambiar los edificios actuales,
se les puede dotar de un sistema de evacuación eficiente. Nadie había previsto
los efectos de tales atentados terroristas sobre la estructura de los edificios. Ningún bombero,
ningún arquitecto, ningún especialista en seguridad podría haber pensado que la estructura
podría ser atacada en muy poco tiempo debido al aporte de miles
de litros de queroseno que reblandecen las barras de acero de refuerzo, provocando luego el colapso de los pisos
como fichas de dominó. En el futuro, incluso las ideas más increíbles deberían
tenerse en consideración.

Una palabra más:

Este texto no irá seguido de ningún registro de patente.
Creo que algunas cosas son más urgentes que intentar ganar dinero con el negocio de la seguridad.
Sobre todo, hay que salvar vidas humanas. Así, esas ideas son totalmente
libres para cualquiera que quiera aplicarlas. Cuando tu casa se quema, no
pierdes el tiempo limpiando el salón.

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