Aumento de las catástrofes en el mundo - informe de la Cruz Roja

En résumé (grâce à un LLM libre auto-hébergé)

  • El número de catástrofes naturales y tecnológicas aumentó un 67 % entre 1999 y 2003.
  • Los países con un bajo índice de desarrollo humano experimentaron un aumento del 142 % de las catástrofes.
  • Las catástrofes climáticas son las más frecuentes, con una proporción de 9 a 1 respecto a las catástrofes geofísicas.

Aumento de las catástrofes en el mundo - informe de la Cruz Roja

Aumento de las catástrofes en el mundo. El informe de la Cruz Roja 2004

14 de febrero de 2005

Fuente: http://www.ifrc.org/fr/publicat/wdr2004/chapter8.asp


Capítulo 8 - Tendencias y estadísticas de las catástrofes

En los últimos diez años, el número de catástrofes «naturales» y de accidentes tecnológicos ha aumentado en proporciones importantes. Entre 1994 y 1998, la media se situó en 428 eventos anuales; entre 1999 y 2003, aumentó dos tercios hasta alcanzar una media de 707 anuales. El mayor incremento se registró en los países con bajo índice de desarrollo humano (un aumento del 142 por ciento), y los accidentes de transporte fueron los que experimentaron la progresión más dramática (un aumento del 75 por ciento). Cabe destacar, no obstante, que nuestras estadísticas solo incluyen los accidentes que causaron al menos diez muertos o un centenar de damnificados.

Las catástrofes hidrometeorológicas y geofísicas también experimentaron un aumento espectacular, incrementándose un 68 y un 62 por ciento, respectivamente, durante la década. Esta evolución refleja tendencias a largo plazo. No obstante, las catástrofes climáticas siguen siendo, con diferencia, las más frecuentes, con una proporción de nueve a uno respecto a las catástrofes geofísicas. Entre las catástrofes naturales, las inundaciones son las más citadas en África, Asia y Europa, mientras que las Américas y Oceanía se ven principalmente afectadas por huracanes.

El balance de víctimas mortales alcanzó las 77.000 el año pasado, tres veces más que en 2002, siendo los países con desarrollo medio y alto los más afectados. Solo en Europa, las catástrofes causaron cerca de 31.000 muertos en 2003, víctimas en su mayoría de la ola de calor del mes de agosto. Esta cifra es ocho veces superior a la media anual de los nueve años anteriores. El terremoto de Bam causó por sí solo al menos 26.000 muertos. En cambio, en los países con bajo índice de desarrollo humano, el balance de víctimas mortales por catástrofes fue el más bajo de los últimos nueve años. Sin embargo, durante la década, más de la mitad de las personas fallecidas por catástrofes naturales eran habitantes de estos mismos países.

Durante este mismo período, la sequía y la hambruna fueron los fenómenos más mortíferos, con al menos 275.000 víctimas, lo que representa casi la mitad del total. En promedio, causaron más de 1.000 muertos por evento, frente a 370 por los terremotos y algo más de 300 por las temperaturas extremas.

A pesar del aumento del número de catástrofes, la media anual de fallecidos descendió de 75.000 entre 1994 y 1998 a 59.000 entre 1999 y 2003. En cambio, el número de personas afectadas continuó aumentando. De unos 213 millones de media durante los primeros cinco años, pasó a 303 millones durante los cinco años siguientes, lo que supone un aumento de más del 40 por ciento.

La disminución relativa del número de personas fallecidas por catástrofes hidrometeorológicas se explica, en parte, por la mejora de las previsiones por satélite y de los sistemas de alerta temprana, así como por el fortalecimiento de la preparación ante catástrofes a nivel comunitario. En cuanto al aumento del número de personas afectadas, se debe a diversos factores: la mayor frecuencia de las catástrofes, el rápido crecimiento de la población en las regiones más pobres y el desarrollo acelerado y descontrolado, especialmente en las aglomeraciones urbanas.

El impacto de las catástrofes varía enormemente según el nivel de desarrollo humano de los países afectados. En los últimos diez años, cada catástrofe causó de media 44 muertos en los países con alto índice de desarrollo humano, y 300 muertos en los países con bajo índice de desarrollo humano.

En cambio, el impacto económico muestra una tendencia inversa, con una media de 318 millones de dólares estadounidenses de daños por evento en los países más desarrollados, frente a solo 28 millones —once veces menos— en los países menos desarrollados. No obstante, estas cifras no tienen en cuenta las consecuencias mucho más dramáticas de las catástrofes sobre el producto interior bruto de los países más pobres.

En lo que respecta a la evolución de la asistencia, la ayuda pública al desarrollo (APD) de los países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alcanzó los 58.300 millones de dólares estadounidenses en 2002, lo que supone un aumento del 11,3 por ciento respecto al año anterior. Canadá, Francia, Grecia, Irlanda e Italia aumentaron sus contribuciones individuales en más del 30 por ciento. Los mayores incrementos absolutos se registraron en Estados Unidos (1.860 millones de dólares) y en Francia (1.280 millones de dólares).

Entre los cinco principales donantes, Estados Unidos ha aumentado su contribución a la ayuda exterior de manera especialmente significativa desde 1997. Durante los últimos diez años, la del Reino Unido también ha crecido de forma sostenida, hasta alcanzar los niveles de Francia y Alemania, en declive desde mediados de la década de 1990. Japón proporcionó la mayor contribución a la APD hasta el año 2000, después de lo cual fue superado por Estados Unidos.

Si se mide la ayuda exterior como porcentaje de la renta nacional bruta, solo cinco países (Dinamarca, Noruega, Suecia, Países Bajos y Luxemburgo) han superado el objetivo del 0,7 por ciento establecido por las Naciones Unidas. Sin embargo, en comparación con 2001, este mismo porcentaje ha aumentado en Australia, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Noruega, Portugal y Suecia.

En cuanto a la ayuda de emergencia (excluyendo la asistencia proporcionada por las instituciones multilaterales y las ONG), pasó de 3.300 millones de dólares estadounidenses en 2001 a 3.900 millones en 2002, lo que representa un aumento del 18 por ciento. Como en años anteriores, Estados Unidos fue el principal donante en este ámbito, con el 36 por ciento del total. Cabe destacar que las normas del CAD permiten a los donantes incluir en su contribución a la ayuda de emergencia la asistencia proporcionada en su propio país a los refugiados (el 25 por ciento del total en 2001).

Es notoriamente muy difícil medir con precisión las sumas dedicadas a la ayuda humanitaria, ya que los donantes calculan sus contribuciones de diferentes maneras. Así, el total de 3.900 millones de dólares de ayuda de emergencia mencionado anteriormente no refleja plenamente la realidad, ya que algunos informes independientes estiman que el monto global de la ayuda humanitaria es de al menos 10.000 millones de dólares anuales. Para el año 2001, este monto se desglosó de la siguiente manera:

• Ayuda humanitaria de los países miembros del CAD/OCDE (excluida la asistencia a los refugiados acogidos en los países donantes): 4.200 millones de dólares;

• Contribuciones de los países miembros del CAD/OCDE a programas de recuperación posconflicto: 4.000 millones de dólares;

• Ayuda humanitaria de países no pertenecientes al CAD (en particular, Arabia Saudita y Corea del Sur): 500 millones de dólares;

• Contribuciones voluntarias del público a través de las ONG: entre 700 millones y 1.500 millones de dólares; y

• Ayuda humanitaria multilateral (a través de las ONG, las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales) no incluida en las estadísticas del CAD: 400 millones de dólares.

Este capítulo se debe principalmente a Jonathan Walter, editor jefe del Informe sobre las Catástrofes en el Mundo, a Philippe Hoyois, investigador del CRED, a Regina Below, administradora de EM-DAT, y a Debarati Guha-Sapir, directora del CRED.

EM-DAT, una base de datos sobre catástrofes

Los datos relativos a las catástrofes y a su impacto humano durante los últimos diez años proceden de la base EM-DAT y han sido compilados por el Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED). Fundado en 1973, el CRED es una institución sin ánimo de lucro situada en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Si bien su principal campo de interés es la salud pública, el centro también estudia el impacto socioeconómico y los efectos a largo plazo de las catástrofes.

Desde 1988, gestiona EM-DAT, una base de datos sobre catástrofes que reúne hoy información esencial sobre más de 14.000 eventos ocurridos en todo el mundo desde 1900. Los datos proceden de una amplia gama de fuentes, incluidas las agencias de las Naciones Unidas, las ONG, las compañías de seguros, los institutos de investigación y las agencias de prensa. Se actualizan constantemente para completar la información y evitar redundancias e inconsistencias.

Los nuevos datos se introducen en EM-DAT a finales de año, dando prioridad a los de las agencias de las Naciones Unidas, la OFDA, los gobiernos y la Federación Internacional. Este muestreo no responde en absoluto a un criterio de calidad o valor de la información, sino que simplemente refleja el hecho de que las diferentes fuentes no abarcan la totalidad de las catástrofes o están sujetas a restricciones políticas que pueden influir en las cifras.

Esta base de datos tiene como objetivo principal facilitar la acción humanitaria tanto a nivel nacional como internacional, racionalizar las estrategias de preparación ante catástrofes y proporcionar un marco de referencia objetivo para la evaluación de las vulnerabilidades y el establecimiento de prioridades.

Capítulo 8 - Tendencias y estadísticas de las catástrofes

En los últimos diez años, el número de catástrofes «naturales» y de accidentes tecnológicos ha aumentado en proporciones importantes. Entre 1994 y 1998, la media se situó en 428 eventos anuales; entre 1999 y 2003, aumentó dos tercios hasta alcanzar una media de 707 anuales. El mayor incremento se registró en los países con bajo índice de desarrollo humano (un aumento del 142 por ciento), y los accidentes de transporte fueron los que experimentaron la progresión más dramática (un aumento del 75 por ciento). Cabe destacar, no obstante, que nuestras estadísticas solo incluyen los accidentes que causaron al menos diez muertos o un centenar de damnificados.

Las catástrofes hidrometeorológicas y geofísicas también experimentaron un aumento espectacular, incrementándose un 68 y un 62 por ciento, respectivamente, durante la década. Esta evolución refleja tendencias a largo plazo. No obstante, las catástrofes climáticas siguen siendo, con diferencia, las más frecuentes, con una proporción de nueve a uno respecto a las catástrofes geofísicas. Entre las catástrofes naturales, las inundaciones son las más citadas en África, Asia y Europa, mientras que las Américas y Oceanía se ven principalmente afectadas por huracanes.

El balance de víctimas mortales alcanzó las 77.000 el año pasado, tres veces más que en 2002, siendo los países con desarrollo medio y alto los más afectados. Solo en Europa, las catástrofes causaron cerca de 31.000 muertos en 2003, víctimas en su mayoría de la ola de calor del mes de agosto. Esta cifra es ocho veces superior a la media anual de los nueve años anteriores. El terremoto de Bam causó por sí solo al menos 26.000 muertos. En cambio, en los países con bajo índice de desarrollo humano, el balance de víctimas mortales por catástrofes fue el más bajo de los últimos nueve años. Sin embargo, durante la década, más de la mitad de las personas fallecidas por catástrofes naturales eran habitantes de estos mismos países.

Durante este mismo período, la sequía y la hambruna fueron los fenómenos más mortíferos, con al menos 275.000 víctimas, lo que representa casi la mitad del total. En promedio, causaron más de 1.000 muertos por evento, frente a 370 por los terremotos y algo más de 300 por las temperaturas extremas.

A pesar del aumento del número de catástrofes, la media anual de fallecidos descendió de 75.000 entre 1994 y 1998 a 59.000 entre 1999 y 2003. En cambio, el número de personas afectadas continuó aumentando. De unos 213 millones de media durante los primeros cinco años, pasó a 303 millones durante los cinco años siguientes, lo que supone un aumento de más del 40 por ciento.

La disminución relativa del número de personas fallecidas por catástrofes hidrometeorológicas se explica, en parte, por la mejora de las previsiones por satélite y de los sistemas de alerta temprana, así como por el fortalecimiento de la preparación ante catástrofes a nivel comunitario. En cuanto al aumento del número de personas afectadas, se debe a diversos factores: la mayor frecuencia de las catástrofes, el rápido crecimiento de la población en las regiones más pobres y el desarrollo acelerado y descontrolado, especialmente en las aglomeraciones urbanas.

El impacto de las catástrofes varía enormemente según el nivel de desarrollo humano de los países afectados. En los últimos diez años, cada catástrofe causó de media 44 muertos en los países con alto índice de desarrollo humano, y 300 muertos en los países con bajo índice de desarrollo humano.

En cambio, el impacto económico muestra una tendencia inversa, con una media de 318 millones de dólares estadounidenses de daños por evento en los países más desarrollados, frente a solo 28 millones —once veces menos— en los países menos desarrollados. No obstante, estas cifras no tienen en cuenta las consecuencias mucho más dramáticas de las catástrofes sobre el producto interior bruto de los países más pobres.

En lo que respecta a la evolución de la asistencia, la ayuda pública al desarrollo (APD) de los países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alcanzó los 58.300 millones de dólares estadounidenses en 2002, lo que supone un aumento del 11,3 por ciento respecto al año anterior. Canadá, Francia, Grecia, Irlanda e Italia aumentaron sus contribuciones individuales en más del 30 por ciento. Los mayores incrementos absolutos se registraron en Estados Unidos (1.860 millones de dólares) y en Francia (1.280 millones de dólares).

Entre los cinco principales donantes, Estados Unidos ha aumentado su contribución a la ayuda exterior de manera especialmente significativa desde 1997. Durante los últimos diez años, la del Reino Unido también ha crecido de forma sostenida, hasta alcanzar los niveles de Francia y Alemania, en declive desde mediados de la década de 1990. Japón proporcionó la mayor contribución a la APD hasta el año 2000, después de lo cual fue superado por Estados Unidos.

Si se mide la ayuda exterior como porcentaje de la renta nacional bruta, solo cinco países (Dinamarca, Noruega, Suecia, Países Bajos y Luxemburgo) han superado el objetivo del 0,7 por ciento establecido por las Naciones Unidas. Sin embargo, en comparación con 2001, este mismo porcentaje ha aumentado en Australia, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Noruega, Portugal y Suecia.

En cuanto a la ayuda de emergencia (excluyendo la asistencia proporcionada por las instituciones multilaterales y las ONG), pasó de 3.300 millones de dólares estadounidenses en 2001 a 3.900 millones en 2002, lo que representa un aumento del 18 por ciento. Como en años anteriores, Estados Unidos fue el principal donante en este ámbito, con el 36 por ciento del total. Cabe destacar que las normas del CAD permiten a los donantes incluir en su contribución a la ayuda de emergencia la asistencia proporcionada en su propio país a los refugiados (el 25 por ciento del total en 2001).

Es notoriamente muy difícil medir con precisión las sumas dedicadas a la ayuda humanitaria, ya que los donantes calculan sus contribuciones de diferentes maneras. Así, el total de 3.900 millones de dólares de ayuda de emergencia mencionado anteriormente no refleja plenamente la realidad, ya que algunos informes independientes estiman que el monto global de la ayuda humanitaria es de al menos 10.000 millones de dólares anuales. Para el año 2001, este monto se desglosó de la siguiente manera:

• Ayuda humanitaria de los países miembros del CAD/OCDE (excluida la asistencia a los refugiados acogidos en los países donantes): 4.200 millones de dólares;

• Contribuciones de los países miembros del CAD/OCDE a programas de recuperación posconflicto: 4.000 millones de dólares;

• Ayuda humanitaria de países no pertenecientes al CAD (en particular, Arabia Saudita y Corea del Sur): 500 millones de dólares;

• Contribuciones voluntarias del público a través de las ONG: entre 700 millones y 1.500 millones de dólares; y

• Ayuda humanitaria multilateral (a través de las ONG, las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales) no incluida en las estadísticas del CAD: 400 millones de dólares.

Este capítulo se debe principalmente a Jonathan Walter, editor jefe del Informe sobre las Catástrofes en el Mundo, a Philippe Hoyois, investigador del CRED, a Regina Below, administradora de EM-DAT, y a Debarati Guha-Sapir, directora del CRED.

EM-DAT, una base de datos sobre catástrofes

Los datos relativos a las catástrofes y a su impacto humano durante los últimos diez años proceden de la base EM-DAT y han sido compilados por el Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED). Fundado en 1973, el CRED es una institución sin ánimo de lucro situada en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Si bien su principal campo de interés es la salud pública, el centro también estudia el impacto socioeconómico y los efectos a largo plazo de las catástrofes.

Desde 1988, gestiona EM-DAT, una base de datos sobre catástrofes que reúne hoy información esencial sobre más de 14.000 eventos ocurridos en todo el mundo desde 1900. Los datos proceden de una amplia gama de fuentes, incluidas las agencias de las Naciones Unidas, las ONG, las compañías de seguros, los institutos de investigación y las agencias de prensa. Se actualizan constantemente para completar la información y evitar redundancias e inconsistencias.

Los nuevos datos se introducen en EM-DAT a finales de año, dando prioridad a los de las agencias de las Naciones Unidas, la OFDA, los gobiernos y la Federación Internacional. Este muestreo no responde en absoluto a un criterio de calidad o valor de la información, sino que simplemente refleja el hecho de que las diferentes fuentes no abarcan la totalidad de las catástrofes o están sujetas a restricciones políticas que pueden influir en las cifras.

Esta base de datos tiene como objetivo principal facilitar la acción humanitaria tanto a nivel nacional como internacional, racionalizar las estrategias de preparación ante catástrofes y proporcionar un marco de referencia objetivo para la evaluación de las vulnerabilidades y el establecimiento de prioridades.

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