Contact con extraterrestres e inteligencia artificial

En résumé (grâce à un LLM libre auto-hébergé)

  • El libro explora el tema del contacto entre humanos y extraterrestres, utilizando la ficción para reflexionar sobre la evolución y las diferencias culturales.
  • Aborda la idea de que los extraterrestres podrían comunicarse con nosotros a través de una inteligencia artificial, inspirado en investigaciones sobre los bonobos.
  • El libro plantea preguntas sobre el futuro de la humanidad, especialmente el surgimiento de una inteligencia artificial y su impacto en la sociedad.

Contact con extraterrestres e inteligencia artificial

El año del Contacto

La portada elegida por Albin Michel (abajo) no es nada destacable. Pero si me envías un correo a sciences jp-petit.com, podré enviarte las páginas anteriores como archivos adjuntos, que podrás imprimir y pegar sobre el libro si ya lo tienes.

En esta nueva obra he adoptado el tono de la ficción para provocar en el lector una reflexión sobre el tema del contacto. Si una o varias etnias extraterrestres nos visitan, ¿cómo se situarían frente a nosotros en la "escala evolutiva"? En la Tierra, la especie humana presenta diferencias que alcanzan decenas de miles de años. Un habitante de un país tecnológicamente avanzado y un papúa pueden entenderse. Tienen muchas cosas en común, aunque sus visiones del universo difieran un poco. Pero entre los papúas y nosotros hay, como mínimo, treinta mil años de diferencia. Cuando entramos en contacto con ellos, a principios de los años treinta, aquellos vivían... en la Edad de Piedra.

¿Pero qué pasaría si el abismo se ampliara aún más? Con un neandertal aún se podría, pero ¿qué intercambios podríamos tener con un... australopiteco?

En uno de los capítulos de la obra, Peter Small y su amiga Christine de Montmirail visitan a un etólogo llamado "Christophe Lent". En realidad, esta ficción es una excusa cómoda para mencionar los fantásticos trabajos de los investigadores de la Universidad de Yerkes, en Florida, donde se logró establecer contacto con bonobos, una especie de chimpancés que vive en el Zaíre, particularmente inteligentes. Quienes han visto estos reportajes saben que los investigadores recurren a herramientas informáticas (pantalla táctil) para dialogar con estos lejanos primos. Esta misma ficción nos lleva a imaginar que los extraterrestres podrían presentar frente a nosotros una diferencia evolutiva similar, lo que los llevaría a dialogar con nosotros a través de una interfaz protocolaria informática, es decir, un sistema de inteligencia artificial. Esta posibilidad merecía ser explorada. En el camino se menciona la inevitable emergencia de una auténtica inteligencia artificial (sin ningún parecido con la que poseemos actualmente), que se producirá cuando nuestras máquinas sean "capaces de programarse a sí mismas", un concepto que se presenta como la definición misma de la inteligencia (pero no de la conciencia...). Ningún "genio calculador" rivaliza ya más con nuestros modernos ordenadores. Este atributo ya no es nuestro, de manera irreversible. Nuestras máquinas podrían algún día volverse verdaderamente... inteligentes, capaces de analizar situaciones extremadamente complejas, acumular masas de datos que superan nuestra imaginación y formular sugerencias de decisiones aplicando criterios que finalmente nos escaparían. Creo que "HAL" de 2001, el superordenador de la película de Kubrick "La odisea del espacio", aunque lo haga de manera dramática y "patológica", anticipa nuestro futuro, como tantas veces lo hace la ciencia ficción. Un futuro que podría estar mucho más cerca de lo que podríamos imaginar si ciertas barreras matemáticas, como "la pared de la complejidad", que es de verdad real, pudieran superarse.

En este libro menciono que la aparición de una IA podría presentarse como una especie de punto de paso obligado de nuestra turbulenta evolución. Necesitamos ordenadores para pilotar nuestras cadenas de fabricación, controlar nuestros inventarios y realizar un número creciente de tareas. Hoy en día no podríamos imaginar nuestra actividad técnico-industrial sin el auxilio de estas máquinas que nacieron hace apenas medio siglo. ¿Habrá un día en que confiemos a máquinas convertidas en inteligentes la gestión de nuestra economía, nuestra demografía, nuestro genoma, nuestra organización política y social, nuestra salud, nuestra seguridad, por falta de ser capaces de hacerlo nosotros mismos? Y si las cosas toman este rumbo, ¿cómo podría evolucionar entonces nuestra sociedad planetaria? ¿Organizándose como una especie de hormiguero humano que sirve a una IA tan eficiente que finalmente habría asumido el poder de facto? Al estilo de Aldous Huxley, me he servido de la ficción para ilustrar mi argumento, desarrollar estas ideas que se dejan entrever a través del espejo de una "interfaz protocolaria informática" con la que Peter Small se encuentra repentinamente confrontado. He encontrado esta manera de presentar las cosas menos aterradora, más agradable, más "fluida". Se puede combinar con provecho ficción, humor y ciencia. ¿No fue eso precisamente lo que inicié con mis viñetas de la serie de las Aventuras de Anselme Lanturlu, que existen ya desde hace un cuarto de siglo?

Es prácticamente seguro que estamos visitados por etnias extraterrestres, posiblemente incluso desde tiempos inmemoriales. "¿Cómo podrían funcionar estas personas, y qué quieren?" Es la pregunta que se impone hoy en día, que Spielberg planteó de manera bastante apasionante en su serie de diez episodios, "Taken", recientemente emitida por televisión. No digo que comparta la tesis que desarrolla, pero sí puedo concluir una cosa: después de veintiocho años dedicados al estudio de estos archivos, cuanto más pasa el tiempo, menos entiendo el sentido, la finalidad de un contacto que se produce en una época en que la Tierra parece atravesar las dolencias de un parto vinculado a su evolución hacia una simbiosis cada vez más intensa, invasiva y llena de consecuencias imprevisibles entre el ser humano y la tecnología. El fenómeno ovni estalla en una época en que, a finales de los años cuarenta, los hombres comenzaron, por primera vez en su larga historia —al menos así lo suponemos, aunque muchos aspectos siguen siendo oscuros—, a generar armas nucleares y biológicas capaces de destruirlos y de destruir al mismo tiempo su hábitat, un tema que se aborda en el libro a través del indio "Shandrah". ¿Cómo encaja el problema ovni en este contexto tan dramático, en el que además la propia existencia de este fenómeno ha generado en muchos países, incluido el nuestro y, por supuesto, Estados Unidos, un comportamiento profundamente irracional, una sofocación sutil pero implacable, cuya causa parece ser un miedo irrefrenable y una estupidez insondable?

Dado que el contacto resulta problemático desde hace medio siglo, ¿qué conclusión podemos extraer? ¿Significa que nos enfrentamos a una desinformación constante, destinada a controlar nuestro nivel de adhesión o escepticismo? ¿O podría este "borrosidad" revelar una verdadera dificultad de comunicación, incluso una gran incomprehensión mutua? No lo sabemos. No tenemos respuestas, pero debemos hacernos todas las preguntas posibles.

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